Historia.
En el siglo XVII, Gregorio López la refiere diciendo que con el romero «maduran lamparones y cualquier apostema, clarifica la vista, el sahumerio es para tos, catarro y aire corrupto. Conforta cerebro, corazón y estómago. Aviva entendimiento y memoria, es para enfermedad fría de cabeza y estómago. Aprovecha la hinchazón de gota, como emplasto sobre vientre quita comezón y ronchas del cuerpo. Comiendo el romero provoca la orina, conforta, desopila. Aprovecha a desmayos, mal de corazón, dolor de estómago, y tripas del frío y alarga el huelgo. Conforta digestión, quita ventosidad y asienta vómito. Limpia y conforta a la madre y la dispone para concebir. Untada conforta el corazón, da fuerzas a miembros flacos, y a perlesía; desencona y extiende nervios, a temblor de cabeza, manchas de cara, arrugas y a ojos enfermos».
A principios del siglo XVIII, Juan de Esteyneffer describe su uso contra «epilepsia, tullimiento, cataratas, ceguera repentina, hidropesía, sincope, obstrucción del hígado y para fijar dientes flojos». A mediados del mismo siglo, en el Libro del Judío de Ricardo Ossado se reseñan varios usos, algunos ya mencionados por López, por ejemplo que «conforta y recrea todas las partes del cuerpo internas y externas, alegra y fortifica los sentidos, consume las humedades, frialdades u opilaciones y malos contagios». Agrega, «fortifica la cabeza, el cerebro y conserva la vista fuerte. Puesta sobre las llagas y quemaduras las curan, no dejan engendrar bubas ni diviesos. En ayunas curan todo mal encubierto; también conserva y precabe de todas las enfermedades que provengan de flema, viscosidad o frialdad. Quitan las ventosidades y el dolor de estómago, acienta el vómito. Hace orinar bien, puestas sobre almorranas las cura. Cura la sarna, llagas y úlceras. Quita la putrefacción y mata los gusanos que las llagas crían, da buen aliento. Quita las manchas del cutis, arrugas de la cara, la caspa y cura las úlceras antiguas». A finales del mismo siglo, Vicente Cervantes menciona que las hojas son nervinas, tónicas, cefálicas, estomáticas, resolventes y emenagogas.
A finales del siglo XIX, Eleuterio González señala su empleo en fumigaciones, fomentos, baños, unturas y fricciones.
Más adelante en el siglo XX, Alfonso Herrera consigna su uso en forma de tintura compuesta o en infusión, como estimulante en aplicaciones externas, en fricciones o cataplasmas y como emenagogo. Maximino Martínez, la reporta para la alopecia, contra la bilis, como eupéptica y para lavados vaginales. Luis Cabrera, la describe como: antineurálgica, antirreumática, para contusiones, emenagoga, y eupéptica. Finalmente, como cáustica y eupéptica la menciona la Sociedad Farmacéutica de México. UNAM/http://www.medicinatradicionalmexicana.unam.mx/apmtm/termino.php?l=3&t=rosmarinus-officinalis





